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viernes, 25 de octubre de 2019

Mi prima traviesa

Todo sucedió aquella tarde con mi prima. Ella tenía al rededor de 12 años y yo apenas 4. Recuerdo que ese día llegamos a casa de mi tía , mi mamá emocionada por contarle el nuevo chisme, así que solo saludé y me dirigí con mi prima directo a su habitación a jugar. Comenzamos a jugar a las muñecas como siempre, para mi era muy divertido tener a alguien con quien platicar y jugar ya que soy la hija más chica y por fin podía entretenerme con alguien. Mi prima Nena se aburrió de mis juegos infantiles, así que se subió a su cama a ver la tele, prendió el aire acondicionado y se tapo con su sobrecama de flores; yo no quería quedarme atrás así que fui a acostarme con ella. Me puse adelante para ver mejor la televisión y ella me abrazo hasta que quedamos en cucharita. Empezo a apretarme la panza, a hacerme cosquillas y yo me puse boca arriba, y sucedió algo que jamás creí que pasaría. me comenzó a besar. Unos besos muy ricos, muy suaves y sin darme cuenta tomo mi mano y la guío a su antojo, la coloco en su seno y empezó a masajear sus tetas ya algo crecidas, con mi mano. Yo nerviosa, sin saber que hacer, solo seguía la corriente así que acariciaba sus tetas, Eran tan suaves. Ella no quiso perder el tiempo y también pellizcaba mis pezoncitos, yo sentía rico y se lo comencé a hacer a ella igualmente, lo disfrutaba tanto como yo. Sus besos se ponían cada vez más cachondos, más húmedos y con unos ligeros suspiros de placer. —Que rico besas primita. - decía ella, yo sólo asentía ya que no sabía qué hacer, solo seguir haciendo lo que ella me decía. Continúo besándome hasta que sentí su mano deslizarse por mi vientre y llegar a mis labios vaginales, ella pasaba sus dedos acariciando suavemente mi panochita, la disfrutaba y yo encantada. Abrió mis labios y solo movió su dedo de un lado a otro sobando mi clitoris hasta que yo creí que me había "meado" . Se lo dije y ella solo se rio. —prestame tú mano, chaparrita, voy a enseñarte algo— continuo y yo nerviosa accedí. Guío mi mano a su panochita algo peludita, pero bien carnosita, riquiiiiisima. —Vas a hacer lo mismo que yo te hice a ti, pero más rico- Yo solo asentía con mi cabeza y prosegui a sobarle los labios con mis dedos. solo los acariciaba hasta que sentí ese botoncito rico de placer, y con lo mojada que estaba mi primita cachonda fue muy fácil mover mis dedos para que ella disfrutará de un orgasmo, como el que me había hecho tener hace unos momentos. Continúe frotando mis dedos en su clítoris, lado a lado como ella me lo hizo a mi, de arriba a abajo, como me lo ordenaba, besándonos y ella solo gemía y gemía en mi oído. —asi primita, así, sigue—, decía. Hasta que la muy cachonda, termino en mi mano, solo sentí húmedo y calientito. y nos volvimos a besar. Nos reímos , lavamos nuestras manos y continuamos jugando como de costumbre. Prometimos no contárselo a nadie y a mis 21 años, sigo con ese secreto bien guardado. Es mi primer relato, y todo lo que les cuente son historias veridicas

Fecha: 24/10/2019, Categorías: Incesto Autor: JNT.5522, Fuente: SexoSinTabues

lunes, 21 de octubre de 2019

La isla de las muñecas (relato)

Las muñecas permanecen colgadas por todas partes


Parece un escenario sacado de una película, pero es real. Existe una isla ubicada en el centro-sur de Ciudad de México en la que reinan miles de muñecas antiguas. Abandonadas a modo de ofrenda, algunas de sus cabezas se exhiben clavadas en estacas, mientras que otras permanecen colgadas de los árboles. La historia se remonta a 1950, cuando el propietario del terreno, Julián Santana, empezó a colgar muñecas como protección contra los malos espíritus.
Santana creía que había sido maldito. Tiempo atrás, había encontrado el cuerpo de una joven que había fallecido ahogada a orillas de los terrenos del hombre. Empezó a convertirse en protagonista de episodios paranormales: oía voces, pasos y el llanto de una mujer, por lo que decidió colocar muñecas por la isla para ahuyentar el alma de la chica. Su obsesión llegó hasta tal punto que pasaba las horas buscando muñecas en las basura y en los canales de Cuemanco.
Santana falleció en 2001 cuando se encontraba a orillas del río, justo después de comentarle a su sobrino que una sirena quería llevárselo. Ahora, el lugar se ha convertido en un sitio turístico y las autoridades de la región se plantean crear un museo para conservar las muñecas.

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